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miércoles, 30 de julio de 2008

Poema de mis pagos...

Danza del borracho frente al espejo
por Abelardo Vázquez

Es sólo una pelea entre borrachos.
Este bebe porque bebió Anacreonte,
aquel tiene en Omar su favorito.
No fue en una taberna de Granada,
ni en Borgoña, la vieja, fue en su pecho
un día al regresar de soledades
cansado y viejo con la muerte cerca.
Es sólo una herida entre dos vinos,
este se ahora con Vallejo adentro
y aquel se cree el rey de los ladrones.
No fue en una taberna del Pireoni
en Mendoza la joven, fue en su espejo
al pie de la escalera de los sueños
casi vencido ya, después de muerto.
Diverso entre contrarios Garcilaso
con la espada del vino enamoraba
reyes, doncellas, santos y caballos
al murmurar del bosque y de las fuentes
como un pastor en guerra con el alba.
Retrocedió el espejo en llamaradas
y el diálogo rompió las ciegas copas
al humo y el hedor de la taberna.
Que duro es el infierno, qué apretado
de gente y agua, de viejos tan formales
abstemios y casados y cubiertos
con toneles vacíos y gusanos.
Se puso a conversar consigo mismo
como si el diablo lo inventara entonces,
habló de Marx, de Hitler, de Cleopatra
y una dulce muchacha color uvas
madurada de amor por comisarios.
Peleó tras sí, con largas cuchilladas,
la sombra se le vino como un poncho,
quebró botellas, espejos, siete rosas
y a algún difunto perdonó la vida.
No fue en una taberna de Marsella.
Se despertó de pronto entre dos ríos
en tinto y blanco enamorado y frío.
Miriam

miércoles, 8 de agosto de 2007

Un poco de poesía mendocina...



DE LA LUZ DE ENTONCES (1963)
La vida dos veces
por Armando Tejada Gómez

Miren cómo sonaba allá en mi barrio agreste
este nombre caído en los mares lejanos:
Toddy Deussán. Un chico alimentado a lirios.
Una flor de su madre que soñaba otra vida.
Supe que no quería que jugará conmigo
porque yo era la forma del pánico y el hambre
y la más descarada miseria por el mundo.
Pero Toddy, esa gracia hecha de mimbre y aire,
vivía hipnotizado por mi gran aventura.
Cuando huía del ojo celoso de su madre
se acercaba a mi sombra con cierto desenfado,
me mostraba sonriendo sus ignotos tesoros
y me buscaba el lado más pájaro del alma.
El descubrió en mis ojos cierto país del sueño
donde se desnudaba un ángel con harapos,
algunos yacimientos de enterrada inocencia
y un gran rompecabezas de ternura en mis manos.

Un día, ya vencidos por nuestra resistencia,
los padres me dejaron entrar en el santuario,
nos sirvieron un río de leche y mediaslunas
y yo los deslumbré dibujando caballos.
Después, siguió la vida, como siempre sucede,
volvió el viento de agosto y crecieron los árboles;
sus padres, que tenían el sueño de otra vida,
una tarde ceniza se mudaron de barrio.
Yo olvidé al canillita en un cruce de esquinas,
entré al jornal violento del vino y los obrajes.
Vestí los portentosos pantalones del viento
y descubrí mi oficio de fábula y guitarra.

Toddy, se llama Alfredo Deussán, vive en Mendoza,
casó con otro mimbre hace muchos veranos,
seguramente tiene un puñado de niños
y es una pajarera su comedor de diario.

Acaso, un año de éstos, cuando vuelva al oeste,
llame a su puerta clara y despierte sus pájaros,
sólo porque un amigo es la vida dos veces
y desde aquella tarde no dibujo caballos.

El barrio duerme en los gatos. La brisa ha izado su vela.
En la memoria del Mágico, el universo navega.